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martes, 4 de febrero de 2014

¿El cliente es el enemigo? Recomendaciones para una relación duradera entre el cliente y tu agencia.

Para muchas agencias de comunicación, el cliente es aquel personaje de la historia que se acerca más a la imagen de un villano intransigente que a la de un agradable compañero de vuelo.

 

Al cliente se lo ha catalogado, se le ha puesto rótulos, se lo ha encasillado de tal forma que la imagen que se tiene de él no termina siendo la mejor en muchos de los casos. Es curioso como esta perspectiva, latente dentro de una agencia de comunicaciones, acaba por dinamitar una relación que todavía ha logrado consumarse.

Hace unos meses atrás, una agencia publicó una lista descriptiva de siete tipos de clientes posibles a los que los que normalmente se ven enfrentadas las agencias:

  • ·        El patrón de la agencia
  • ·        El buena onda
  • ·        El soñador
  • ·        El intenso
  • ·        El complicado
  • ·        El terrorista
  • ·        El negociador


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Esta lista redactada con mucha creatividad, y con la única intensión de encontrar reflejos de las experiencias cotidianas entre los profesionales que forman parte de una empresa creativa, termina en varias ocasiones convirtiéndose en una lista potencial de desencuentros y conflictos entre el cliente, la agencia y viceversa.

Estas batallas se podrían ahorrar si es que se decide coger el cristal con la otra mano y darle la vuelta para observarlo de manera en que se sumen posibles y se resten imposibles.

Para esto, es preciso transformar la actitud mental con la que se llega al encuentro con un cliente, y eliminar todos los prejuicios que de antemano se han construido en nuestra mente como una piedra difícil de romper.


1.      El cliente no es el enemigo. No te la agarres con él. Sedúcelo, persuádelo, que se enamore de ti con tu paciencia y atención.

2.      La relación con un cliente no es una lucha de poder en la que uno de los dos tiene que ganar. No es una competencia para ver quién es el mejor, es un trabajo en equipo.

3.      Escucha y pregunta todo lo que puedas. Es la mejor manera de acercarse a lo que realmente quiere y necesita. Luego de eso preséntale tu propuesta inicial. (No te molestes si no se convence al primer intento)

4.      Date el tiempo necesario para explicarle detenidamente en qué consisten los procesos, cuales son las razones y el porqué de cada cosa. La claridad desde el inicio es fundamental en la relación.

5.      Déjalo aportar ideas. El cliente forma parte del proyecto. Si sus ideas no son posibles o no son adecuadas para el proyecto, explícale porqué no lo son y busca alternativas de participación y aporte conjunto.

Y por último, relájate. Si luego de haber llevado a cabo las acciones de la lista que te acabo de mencionar, no se ha generado una conexión natural, entonces mejor desiste del proyecto. No hay nada más terrible que trabajar con alguien que no quiere y no puede trabajar contigo.


Por: LIMA 51





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